Cómo tomamos decisiones  

Cómo tomamos decisiones

Rubén Moreno, Neurocientífico

Varios profesionales de diferenes ámbitos nos cuentan en estas páginas sus impresiones y experiencias en el ejercicio de decidir. Un neurocientífico, un guionista, un asesor de comunicación, una médico, un juez, un profesor de ciencia política, un poeta y profesor, una psicóloga y una periodista nos describen con qué dudas, seguridades, prevenciones y matices se enfrentan a la hora de tomar decisiones en su vida cotidiana y en su profesión. Decidir no siempre es fácil.

El CiervoCuando pensamos cambiar de trabajo, comenzamos un proceso de búsqueda y acopio de información que termina con la aceptación irrevocable de una nueva ocupación. La toma de decisiones puede llegar a ser patológica si acumulamos información que no es verídica, como en la esquizofrenia, o si somos incapaces de llegar a una decisión final, como en los pacientes orbitofrontales. Decidir, del latín decidere, significa literalmente cortar. La neurociencia está dando los primeros pasos para entender cómo se forjan las decisiones en nuestro cerebro; curiosamente, los descubrimientos justifican el origen etimológico de decidir.

Las decisiones se engendran en una maraña de cien mil millones de neuronas. Las neuronas que pertenecen a áreas más cercanas a la corteza motora primaria tienen una relación más estrecha con la decisión, y reciben innumerables inputs de áreas sensoriales, somáticas y emocionales, que se acumulan mientras dura la deliberación. La información acumulada es variopinta: sensaciones, emociones y, sobre todo, simulaciones tintadas de lo anterior sobre lo que conllevaría elegir uno u otro trabajo, como imaginarnos ser felices en el día a día con nuestros nuevos compañeros. Cuando la información recabada es suficiente, las neuronas ‘cortan’ el proceso de acumulación a través de un proceso no lineal y explosivo, momento en el que adoptamos firmemente una decisión final, como firmar un contrato con una empresa. La acumulación de información no es siempre un proceso consciente, ya que los neurocientíficos podemos a veces predecir la decisión de personas, monos y ratas tiempo antes de que sean conscientes de la misma o sea visible cualquier respuesta o cambio corporal. Quizá había algo en el cerebro tan fuerte, pero oculto e inconsciente, que inclinó definitivamente la balanza a favor de uno de los trabajos.
Este parece ser un modus operandi oscuro, pero necesario, ya que nos ha ayudado a ‘cortar’; y de eso trata decidir.