Conciencia de compromiso político y social  

Conciencia de compromiso político y social

Cristina Almeida Castro
Abogada y política

Llegué en septiembre de 1961 a la Complutense de Madrid, después de estar trece años en un colegio religioso, el Santo Ángel de la Guarda, en Badajoz, hasta el año 1956, y en Madrid hasta junio de 1961.

Gracias a la voluntad de mi madre, a la que sus hermanos no la dejaron estudiar, por ser mujer, mis tres hermanas y yo sí pudimos ser universitarias. Pero ni siquiera yo era consciente de lo que era esa oportunidad, pues no solo se trataba de estudiar, sino de acceder a un mundo desconocido para una chica que había aprendido a repetir lo que le enseñaban pero a la que no enseñaron a aprender. Ese mundo se me abrió en la universidad y siempre repito que desde aquel año 1961 no me he perdido ningún año de mi vida.

El CiervoNunca me habían hablado de la historia real de España. Ni de la guerra y la posguerra que yo había vivido como una niña ignorantemente feliz, donde sólo había logrado leer a Celia, Cuchifritín y Antoñita la fantástica.

Allí descubrí la cultura en libertad. Fui consciente de mi propia libertad y de mi responsabilidad, que ya no se sometía a las monjas de mi colegio. Descubrí todo eso, no porque en la universidad te inculcaran esos valores, sino porque conocí a una serie de personas que no habían tenido la misma educación religiosa, sino laica, y porque tenían un conocimiento distinto de la historia de España, y de la historia del mundo en general. De esas personas tuve la suerte de aprender cosas que ignoraba y luchas que existían en nuestro país para rebelarse contra la falta de libertades.

Y ese conocimiento me acercó a los grupos de izquierda de mi facultad y en pos de ellos y de ellas conocí el SUT. Y aunque el origen del SUT era del sindicato vertical, se dedicaba a organizar campos de trabajo y campañas de alfabetización en distintos lugares de la España analfabeta y sin derechos. De esa forma entré en la que el SUT organizó el verano de 1962 en Granada y donde me destinaron a un precioso pueblo, Alhama de Granada, donde yo no sé lo que enseñé, pero lo que aprendí no se me ha olvidado nunca. De aquel aprendizaje me surgió la necesidad de comprometerme tanto política como socialmente, compromiso que seguí ese invierno de 1963 en el Pozo del Tío Raimundo, con el padre Llanos, que aumentó aún más mi conciencia de la necesidad de luchar contra la injusticia y la desigualdad.

Ese compromiso me dura toda la vida y me ha hecho la mujer que soy ahora. Yo milité desde aquel verano en la FUDE (Federación Universitaria Democrática de Estudiantes); en el año 1964 me integré en el Partido Comunista de España que era lo que existía en aquel entonces para luchar contra la dictadura; terminé la carrera para dedicarme a la defensa de presos políticos y trabajadores, y descubrí la represión política y sobre todo aprendí a saber lo que era la desigualdad de las mujeres en la sociedad y en las leyes. Así descubrí lo que es ser mujer, y lo que significa el feminismo, y de todo ese compromiso he sido mujer comprometida y feliz…

Todo eso se lo debo en gran parte al SUT a través del cual llegué a ese compromiso. En este aniversario de recuerdos y de vida tengo pues algo que decir: “¡Gracias, SUT!”.