El Consejo de Europa cumple 70 años  

El Consejo de Europa cumple 70 años

Marcelino Oreja
Jurista y Diplomático, ex-Secretario General del Consejo de Europa

En octubre de este 2019 se cumple el 70 aniversario de la creación del Consejo de Europa. Marcelino Oreja, que fue su secretario general de 1984 a 1989, y Manuel Montobbio, actual embajador permanente de España en el Consejo de Europa, nos explican los retos presentes y futuros de esta importante y poco conocida institución.

PROMOVER LOS VALORES FUNDAMENTALES COMUNES DE LOS PAÍSES EUROPEOS

De las instituciones europeas, aquella con la que me siento más identificado es el Consejo de Europa, ya que me correspondió, en mi etapa de ministro de UCD, solicitar la apertura de negociaciones y proceder al ingreso de España en la institución, en 1977, con el respaldo de todas las fuerzas políticas. Transcurridos tantos años desde entonces pienso que ha sido muy positivo el papel del Consejo, y yo concretaría su actividad principal en los momentos actuales en los puntos siguientes.

El Ciervo Primero, promover los valores fundamentales comunes de los países europeos miembros del Consejo. Me refiero a derechos humanos, estado de derecho y democracia. Esta proposición se concreta en dos compromisos: en primer lugar, el compromiso de garantizar la eficacia permanente del Convenio europeo de Derechos Humanos; y, consecuentemente, el de proteger y promover estos derechos a través de otras instituciones y mecanismos del Consejo de Europa, consolidando la institución del Comisario de Derechos Humanos del Consejo y apoyando el Comité Europeo de prevención contra la tortura y tratamientos inhumanos o degradantes con visitas a los lugares de detención y mejora de las condiciones de los detenidos.

Otro punto destacado de la actividad del Consejo es reforzar la seguridad de los ciudadanos europeos, lo que se concreta en luchar contra el terrorismo, combatir la corrupción y el crimen organizado, hacer frente a la trata de personas y la violencia contra las mujeres, y promover la ética en biomedicina y el desarrollo duradero.

En tercer lugar, el Consejo se propone construir una Europa más humana. Esto significa garantizar la cohesión social, promover la ciudadanía democrática en Europa, la cooperación entre la juventud y desarrollar el diálogo intercultural.

Por último, destaco la puesta en práctica de un plan de acción para el futuro del Consejo de Europa con unas líneas directrices, entre las cuales la rápida adhesión de la Unión Europea al Convenio Europeo de Derechos Humanos y libertades fundamentales para la coherencia en materia de Derechos Humanos en Europa. De otra parte, habría que llevar a cabo una más intensa cooperación jurídica entre el Consejo de Europa y la Unión Europea buscando una complementariedad entre los textos jurídicos de la Unión y del Consejo.

Ya para terminar quiero decir que me parece necesario que se llegue a una clarificación del papel de las instituciones a la vista de que el Consejo de Europa reagrupa 800 millones de ciudadanos, 47 Estados, 630 parlamentarios nacionales y cuenta con mecanismos únicos como el Tribunal Europeo de Derechos Humanos, la Comisión para la democracia por el Derecho, el Comité para la prevención de la tortura, el Grupo de Estados contra la corrupción, el Centro Europeo contra el racismo y la intolerancia.

La Unión Europea debería, a mi juicio, utilizar el foro único que ofrece el Consejo de Europa para apoyar el diálogo intercultural e interreligioso. No tiene sentido que la UE trate de atribuirse tareas que están asumidas, con eficacia y un presupuesto muy limitado, por el Consejo. Lamentablemente, el Consejo de Europa ha quedado ignorado muchas veces como consecuencia de la ampliación de la Unión, pero es preciso recordar el papel tan importante que ha jugado y que debe de seguir llevando a cabo para la consolidación de la paz y la libertad en Europa.