Gustavo Durán, objeto de creación  

Gustavo Durán, objeto de creación

Inés García-Albí, periodista

En marzo de 1969 murió en Grecia un alto funcionario de la ONU de vida corta pero muy intensa. Gustavo Durán, barcelonés, fue músico, poeta, cineasta, políglota, dandi, miliciano, comunista, militar, espía en Cuba y Argentina, acusado de rojo por los blancos y de blanco por los rojos. En el cincuentenario de su muerte, recordamos a esa rica y poco conocida personalidad y su obra en este artículo y en una conferencia que ‘El Ciervo’ organiza en Barcelona.

Seguro que le gustó. No era nuevo para él que le dedicaran un poema, pero hacía tiempo que no era el protagonista de ninguna creación artística. Le rejuveneció. Había revivido la alegría de la amistad en su encuentro con el joven poeta Gil de Biedma. Algo de tu pasado, me dijiste/ que yo te devolvía,/ horas alegres de los años veinte,/ conversaciones, risas/ que en tu memoria son la juventud,/ la camaradería/ –músicos y poetas– de tu generación, por la guerra esparcida . Fue la última gran amistad del coronel Durán que moriría en Grecia en 1969. No consiguió regresar a España. Cuando notó que el teatro de la vida llegaba a su fin, intentó volver a aquel país que dejó en 1939, con la guerra perdida, agotado, decepcionado, hundido. A Gustavo Durán (Barcelona, 1906) se le puede seguir la pista por las creaciones de sus amigos. Sobre todo en sus primeros 40 años, luego hay que cambiar de tercio, de rastreador, de fuentes. Pasar de la cultura, a los informes turbios y manipulados del FBI, de los informes, también turbios y manipulados, del régimen franquista, para terminar en los archivos de la ONU y por último el poema y la correspondencia con Gil de Biedma que le devolvía aquellas sensaciones de juventud que creía olvidadas.

El CiervoGustavo fue un joven brillante, guapo, mundano, con facilidad para los idiomas, que triunfó en el Madrid de los años 20. Escapó de la tragedia de su casa –su padre encerró a su madre en el manicomio para poder vivir con su amante Carmen– gracias a la música y sus amistades de la Residencia de Estudiantes. Alumno de Joaquín Turina, pronto empezó a frecuentar ambientes intelectuales donde se encontraba como pez en el agua gracias a sus dotes sociales. Al Gustavo dandi de aquella época se le puede observar en los cuadros del pintor Néstor Martínez-Fernández de la Torre con el que mantuvo una larga relación sentimental. Es el Durán feliz haciendo el muerto en un mar transparente, con sus bellos rizos de efebo flotando en el agua, ajeno a otras cosas que no fuera él, sus amistades, su juventud. La vida le sonreía. Recibe el encargo de componer una de las piezas del ballet de la gran bailarina del momento Antonia Mercé, La Argentina , para sus ballets españoles. Además de componer El fandango del candil , de cuyos decorados se encargaría Néstor, dirigiría la orquesta con la que fue de gira por Europa. Continúa engrosando sus amistades ilustres como Anaïs Nin, que le citaría en sus famosos diarios. Entre sus papeles y correspondencia ya tiene Friso, un poema que le dedica Lorca y otra Pirata escrito por su amigo y compañero de lucha Rafael Alberti.

Tras una crisis personal, Durán abandona profesionalmente la música. Pensó que nunca iba a ser un compositor fuera de serie. Comienza su relación profesional con el mundo del cine y el doblaje. Viajó con Buñuel a las Hurdes para localizar para el documental Tierra sin pan. Cuenta su biógrafo, Javier Juárez, que la visita a aquella mísera España rural despertó su conciencia y no duda en entregarse en cuerpo y alma a la defensa de la República vinculándose al partido comunista.

Se termina así el Gustavo Durán músico brillante para convertirse en el héroe valiente de la defensa de Madrid, Segovia, Jarama, Teruel. Se corta los rizos. Cabeza al uno. Disciplinado, metódico, estratega. De miliciano a coronel. Sus gestas inspiran al protagonista de La esperanza, de Malraux. Durán se convertirá en Manuel, hilo conductor de la novela. Con Ernest Hemingway mantuvo una gran amistad, que se truncó de manera abrupta por parte del escritor años más tarde y él le nombra directamente en Por quien doblan las campanas. Hemingway intentó que fuera asesor en el rodaje de la película. Durán ya estaba instalado con su mujer Bonte Crompton en Estados Unidos. La petición del autor no fue concedida.

La caza de brujas, muy virulenta en su caso, le persiguió durante muchos años afectando a su ánimo. Muchos amigos le dieron la espalda. Sus antiguos camaradas pensaron que era agente de Estados Unidos, allí que era agente soviético. Un mundo, otra vez, dividido entre dos bandos, en donde un hombre complejo con multitud de grises, no encontraba acomodo. Un mundo que le golpeó injustamente. Como alto funcionario de la ONU estuvo en América Latina, el Congo y su última misión le llevó a Grecia. Allí murió, esperando volver a España. Su hija Jane escribió un último poema para él, “El silencio de mi padre”: Él entrega sus armas/ Él levanta los brazos/ Él no lo contará .