Las ideas políticas de Dora Maar  

Las ideas políticas de Dora Maar


Victoria Combalía
Historiadora y crítica de arte

Dora Maar fue amante de Picasso entre 1936 y 1943 y una gran fotógrafa en la Francia de los años treinta. Fotografió todas las etapas del Guernica y siempre se ha dicho que influyó en la concienciación política antifascista de Picasso. Aunque nacida en una familia burguesa, de un padre croata, el arquitecto Joseph Markovitch, y de una francesa, Julie Voisin, su izquierdismo surgió con su círculo más inmediato de juventud. En efecto, uno de sus primeros amantes fue Louis Chavance, que sería el guionista del famoso film Le corbeau (1943) y que había fundado en 1933 el Cercle d’étude des questions sociales et politiques, de extrema izquierda. Y su mejor amiga era Jacqueline Lamba, más tarde esposa de André Breton, que era miembro del Partido Comunista desde sus quince años. Cuando tuve la extraordinaria oportunidad de conversar al teléfono con Dora Maar, en 1994, me concretó su ideario político: “Estaba muy a la izquierda a mis 25 años, no como ahora, pero nunca me adherí al Partido Comunista”. (1) Su izquierdismo se plasmó en la firma de numerosos manifiestos, en sus relaciones sentimentales y en su propia obra.

Entre 1933 y 1934 mantuvo una tormentosa relación amorosa con el filósofo y revolucionario Georges Bataille y es el momento en que firma el panfleto Appel à la Lutte, como reacción a la manifestación fascista del 6 de febrero de 1934. Luego, en 1935, Maar formaría parte del grupo de ultraizquierda Contre-Attaque, creado por Georges Bataille y André Breton, que se oponía al parlamentarismo burgués, considerado corrupto, y que proponía una revolución de costumbres inspirada en Sade, Fourier y Nietzche. En agosto de 1935, firmó también el manifiesto Du temps que les surréalistes avaient raison, muy crítico con los intelectuales estalinistas y en contra del realismo socialista.

El CiervoPero, sobre todo, la preocupación social de Dora Maar se plasmó en su extraordinario conjunto de fotografías de calle, en donde captó con mano maestra a los desheredados de la sociedad: los pedigüeños, las madres con hijos, los viejos, los tullidos. Ella los fotografió con mano maestra mostrando una gran empatía, y a veces con una suerte de piedad laica.

Por tanto, mucha gente se pregunta cómo Dora Maar pudo pasar de ser una activista de ultraizquierda a ser una católica integrista y de ideas políticas sumamente conservadoras.

En parte le sobrevino al ser abandonada por Picasso, un trauma que solo pudo superar mediante un psicoanálisis con Jacques Lacan, el retorno a la religión católica y la práctica diaria de la pintura.

Al final de su vida, el marchante Marcel Fleiss la visitó para negociar una exposición de sus pinturas y vio en una estantería, de forma ostensible, el libro Mein Kampf de Hitler. Esto hizo suponer que Dora fuera antisemita. Yo tuve en mis manos este Mein Kampf: no está ni leído ni subrayado, casi parece no haber sido abierto. Se trata de la edición hors commerce de los años treinta, en una edición de 5.000 ejemplares, distribuida entre intelectuales con el fin de que se conociera el pensamiento de quien había declarado a Francia como el peor enemigo de Alemania. Bataille debió de regalar el libro a Dora, ya que él, en su ideario de Contre-Attaque, pretendía, por decirlo de alguna manera, darle la vuelta al pensamiento fascista, trocando la figura del dictador por la del pueblo.

En la visita que le hizo el marchante Marcel Fleiss, Dora Maar le preguntó al galerista: “¿No será usted judío? Pues si lo es, no le vendo mis fotografías”. A lo cual él, mintiendo, le respondió que no. Esto ha sido interpretado como otra afirmación antisemita, pero yo me inclino por otras explicaciones. Una sería la de que ella, habiendo sido asediada por tantos marchantes, hubiera sido maltratada, económicamente hablando, por algún marchante judío en la venta de alguno de sus picassos. Otra sería que Dora sintiera cierta aversión por los judíos tras el trauma que supuso el arresto de su madre el 19 de julio de 1942, no solo por faltarle un documento (en su paso de la zona libre a la ocupada), sino también por haber sido tomada por judía, dado su apellido Markovitch (su madre, vieja y debilitada, moriría al cabo de poco de una hemorragia cerebral). En todo caso, Dora sí fue de derechas, pero cuando yo hablé con ella en 1994 no le interesaba la política ni el fascismo, sino San Juan de la Cruz y sus propias fotografías. (1) Entrevisté a Dora Maar en 1994. Mi investigación sobre la fotógrafa se volcó en Dora Maar, a pesar de Picasso (Barcelona, Circe, 2013; edición corregida y aumentada: Dora Maar, la femme invisible, Lille, éditions invenit, 2019).