Muy proactivos y más resilientes  

Muy proactivos y más resilientes

Daniel Gamper Sachse
Director del departamento de filosofía, filosofía moral y política, UAB

No se me ocurrían palabras sintomáticas del presente, hasta que el amigo filósofo, Javier F. Catalán, me indicó el lugar en el que se hospedan, transmiten y contagian las palabras del poder, los hashtags con que las empresas “líderes en su sector” clasifican en LinkedIn lo que esperan de los trabajadores.

El CiervoProactivo. Se buscan personas proactivas. ¿Por qué no simplemente activas? Pues porque nadie puede hacer nada. Todas las decisiones están económicamente determinadas, y no queda otra que gestionar una economía de precariedad, de emergencia. Ante la imposibilidad de hacer nada, se manda un mensaje a favor de la actividad. No existe otra actividad que la del deseo de ser activos, el impulso que se sabe ya frustrado de antemano y que clama por lo bueno que sería que alguien hiciera algo. El proactivo no tiene que hacer nada más que gestionar la miseria, al tiempo que se muestra completa y plenamente a favor de que alguien haga algo.

Resiliente. Se buscan también personas resilientes. Los trabajadores –y los ciudadanos en general– deben ser capaces de levantarse tras las crisis como si no hubiera pasado nada más que una borrasca. Adelante, sigan ustedes trabajando cada vez por menos dinero, esfuércense por mantener un techo encima de sus cabezas. Caerán, pero ánimo, levántense de nuevo. Para eso sirve esta resiliencia tan apreciada por los jefes de la oficina, para amansar a los caídos.